Tapar una mancha de humedad con pintura suele convertir un problema pequeño en uno grande: el agua que no encuentra salida busca otra y revienta el revestimiento nuevo desde dentro. Antes de comprar un saco de mortero «antihumedad» conviene saber qué tipo de agua estás combatiendo, porque no todos los morteros hacen lo mismo, y elegir mal puede sellar justo el punto por el que la pared necesitaba respirar.
Primero, el diagnóstico
Las humedades domésticas se agrupan en tres familias, y cada una exige una estrategia distinta.
Capilaridad. El agua del subsuelo asciende por los poros del muro como una mecha absorbiendo aceite. Se reconoce porque las manchas empiezan a ras de suelo y suben en franja horizontal —plantas bajas y sótanos, típicamente—, casi siempre acompañadas de salitre.
Filtración. El agua entra desde fuera de forma directa: lluvia que atraviesa una fachada porosa o agrietada, presión del terreno contra un sótano, o el agua de una piscina o depósito. No hay ascensión lenta: entra por un punto concreto, empujada por presión o gravedad.
Condensación. No viene de fuera, se genera dentro. El aire caliente y húmedo choca contra una superficie fría —un puente térmico, una esquina mal aislada— y el vapor se condensa. Aparece en superficie, sin relación con el nivel del suelo, y suele venir con moho y olor a cerrado. Aplicar mortero impermeable aquí no sirve de nada: el problema es térmico, no hidráulico.

Por qué sale el salitre
Esas manchas blancas y polvorientas que acompañan a la capilaridad son eflorescencias salinas. El agua que sube arrastra disueltas sales del terreno o del propio material —principalmente nitratos, sulfatos y cloruros—. Al evaporarse en superficie, esas sales cristalizan y quedan depositadas, generando presión mecánica que desconcha pintura y degrada el revestimiento. Los nitratos suelen indicar actividad capilar intensa; los cloruros, frecuentes en zonas costeras, además de antiestéticos son agresivos con las armaduras de acero. Gestionar esas sales es justamente lo que diferencia a un mortero especializado de uno de obra convencional.
Cómo «leen» el agua los distintos morteros
La clave está en la porosidad. Un mortero de cemento tradicional tiene una estructura densa y cerrada: actúa como barrera. Sobre un muro con capilaridad activa, bloquea la salida del agua por ese punto, pero el agua sigue subiendo y buscará salir un poco más arriba, o quedará atrapada hasta reventar el revestimiento nuevo.
Los morteros transpirables o macroporosos se formulan —normalmente con cal hidráulica natural, áridos ligeros y aditivos minerales— con una red de poros mucho más abierta. Dejan salir el vapor con facilidad, pero dificultan que el agua líquida entre desde fuera. El muro sigue «sudando» el agua acumulada sin que eso se traduzca en manchas, porque las sales quedan retenidas dentro de la masa porosa en lugar de cristalizar en la cara vista.
Los tres tipos de mortero, y para qué sirve cada uno
1. Impermeables o hidrófugos. Bloquean el paso del agua de forma directa. Existen en versión rígida (superficies estables, depósitos, soleras) y flexible (estructuras con micromovimientos, heladas o fisuración, como fachadas o fosos de ascensor). Son la opción cuando hay presión de agua directa: sótanos, piscinas, muros de contención.
2. Transpirables o deshumidificantes. Indicados para capilaridad. No impiden que el agua entre por el subsuelo —eso no está en su naturaleza—, sino que gestionan la que ya está dentro del muro, dejándola evaporar de forma controlada mientras retienen las sales.
3. Termoaislantes. Formulados con cal y cargas ligeras (perlita, vermiculita o esferas de EPS), reducen la conductividad térmica del muro. Se usan en sistemas SATE por el exterior o en trasdosados interiores para eliminar puntos fríos. Aquí el objetivo no es bloquear agua, sino subir la temperatura superficial de la pared por encima del punto de rocío.
Lo que dice la norma
Los morteros de revoco y enlucido se clasifican según la norma UNE-EN 998-1, y esa nomenclatura aparece en cualquier saco profesional. Dos códigos son útiles al comprar: la resistencia a compresión (CS I a CS IV) y, sobre todo, la clase de absorción de agua por capilaridad: W0 (sin especificar), W1 (exposición media a viento y lluvia) o W2 (exposición alta, absorción reducida). Cuanto más expuesta esté la fachada, mayor debería ser la clase W elegida. El Código Técnico de la Edificación, en su Documento Básico DB HS-1 (Protección frente a la humedad), remite a estas clasificaciones para fijar qué revestimiento exige cada grado de exposición.
Tabla comparativa según el problema
| Problema | Qué hace el mortero | Tipo recomendado | Herramienta |
|---|---|---|---|
| Capilaridad (salitre en planta baja) | Deja evaporar el agua reteniendo las sales | Transpirable / macroporoso de cal | Paleta y llana |
| Filtración (sótanos, depósitos, fosos) | Bloquea el agua por presión directa | Impermeable rígido o flexible | Llana, brocha o rodillo |
| Condensación (paredes frías, moho) | Sube la temperatura superficial | Termoaislante (SATE o interior) | Llana o proyección |
| Grietas con filtración activa | Sellado rápido y estructural | Mortero hidráulico de fraguado rápido | Espátula |
El matiz que pocos productos cuentan
Conviene ser honesto: un mortero transpirable no elimina la humedad por capilaridad, la gestiona. No actúa sobre la causa —la ausencia de una barrera física entre el muro y el terreno húmedo—, sino que mejora el comportamiento del muro mientras esa causa siga activa. Con el tiempo, su capacidad de retener sales tiene un límite y puede saturarse, sobre todo si la humedad ascendente es intensa. En casos severos, lo habitual es que una empresa de reformas integrales coordine ambas fases: primero una solución que corte el ascenso en origen —barrera física, inyección química o drenaje perimetral— y después el mortero macroporoso como acabado, sin que este último quede como única intervención. Para filtraciones puntuales o humedad leve, en cambio, el mortero suele bastar por sí solo.
Aplicación paso a paso
- Sanea a fondo. Retira material suelto, pintura vieja o mortero degradado hasta el soporte firme y cepilla las eflorescencias con cepillo de alambre.
- Repara grietas antes. Ábrelas en «V» y séllalas con mortero de reparación estructural si son el punto de entrada del agua.
- Amasa con precisión. Respeta el agua indicada por el fabricante; una mezcla demasiado líquida pierde propiedades técnicas, no solo trabajabilidad.
- Humedece el soporte antes de aplicar, o el ladrillo absorberá de golpe el agua de la mezcla nueva, comprometiendo el curado.
- Respeta los espesores mínimos: los deshumidificantes necesitan entre 1,5 y 2 cm; una capa fina anula su capacidad de gestión de sales.
- Deja curar antes de pintar. Un curado incompleto reduce resistencia y porosidad efectiva.
Errores que arruinan el tratamiento
El más habitual: pintar un mortero transpirable con pintura plástica convencional. Sella los poros que debían dejar salir el vapor, la presión interna se acumula y la pintura termina desconchándose; la única compatible es pintura al silicato o de cal, igualmente transpirable. El segundo error es aplicar mortero impermeable sobre capilaridad activa pensando que «impermeable» es sinónimo de mejor: en ese caso concreto es el producto equivocado y puede agravar el problema.
Preguntas frecuentes
¿Puedo pintar encima de un mortero transpirable? Sí, pero solo con pintura al silicato o de cal. Una pintura plástica convencional sella los poros y anula el tratamiento.
¿Hidrófugo e impermeable son lo mismo? No exactamente: el hidrófugo reduce mucho la absorción capilar del agua de lluvia pero permite cierta transpiración; el impermeable bloquea por completo el paso del agua líquida, incluso bajo presión directa.
¿El mortero anti-humedad elimina las manchas para siempre? Solo si el tipo elegido coincide con el origen real del problema, y si la causa estructural de fondo —una tubería rota, por ejemplo— se repara antes.









